Apoyar proyectos ambientales puede generar cambios importantes. Pero también deberíamos preguntarnos qué está haciendo una empresa para reducir el impacto que genera por sí misma.
En los últimos años, es cada vez más común encontrar empresas que anuncian donaciones, fondos para causas ambientales, alianzas con organizaciones sociales o proyectos de conservación y restauración. Y sí, muchas de estas iniciativas pueden generar beneficios reales. Financiar la restauración de un ecosistema, proteger la biodiversidad, apoyar a comunidades vulnerables frente al cambio climático o contribuir a proyectos de conservación son acciones necesarias.
Pero hay una diferencia importante entre contribuir a solucionar un problema ambiental y transformar las actividades que lo generan.
¿Dónde empieza la responsabilidad ambiental de una empresa?
Una empresa puede financiar la restauración de un ecosistema. Pero también debería preguntarse de dónde provienen sus materias primas, qué impacto tiene su cadena de suministro y qué sucede con los materiales que utiliza.
Puede apoyar proyectos para reducir la contaminación del agua. Pero también debería revisar cuánta agua utiliza en sus propios procesos y qué ocurre con las aguas residuales que genera.
Esta última parte es especialmente importante. El GHG Protocol, uno de los principales marcos internacionales para la contabilidad de gases de efecto invernadero, señala que las empresas pueden evaluar no sólo las emisiones de sus propias operaciones, sino también las que ocurren a lo largo de su cadena de valor: desde los bienes y servicios que compran hasta el transporte, el uso de sus productos y su disposición final. Estas emisiones corresponden al llamado Alcance 3 (Scope 3), y el GHG Protocol reconoce que pueden representar una parte importante, incluso la mayor parte, de las emisiones corporativas.
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia por completo la conversación. Porque una donación puede contribuir a reparar o proteger algo fuera de la empresa; transformar los procesos implica evitar o reducir el impacto desde el origen.
Donar no está mal. Presentarlo como suficiente sí debería generar preguntas.
El problema, entonces, no es que una empresa done. De hecho, necesitamos más recursos que lleguen a proyectos ambientales y a las organizaciones que trabajan directamente en territorios.
El problema aparece cuando una acción externa se convierte en la principal evidencia de que una empresa es “sostenible”, mientras se habla poco de aquello que ocurre dentro de su propia operación.
Es fácil comunicar que se destinó cierta cantidad de dinero a una causa ambiental. Es mucho más complejo explicar cuánto se ha reducido el consumo de recursos, qué materiales se han sustituido, cómo se han transformado los procesos productivos, qué ocurre con los residuos, cómo se trabaja con los proveedores o cuánto se ha reducido la huella ambiental de toda la cadena de valor.
La sostenibilidad no debería medirse únicamente por lo que una empresa aporta al planeta, sino también por lo que deja de quitarle.
Primero reducir, después contribuir y, en realidad, hacer ambas cosas.
Esto no significa que las empresas deban elegir entre transformar sus procesos o apoyar causas ambientales. Podemos hacer ambas cosas. La Science Based Targets initiative (SBTi) distingue estas dos dimensiones. Las acciones climáticas que ocurren fuera de la cadena de valor de una empresa pueden aportar al avance global hacia el reto cero neto, pero no sustituyen la reducción de emisiones dentro de las operaciones y la cadena de valor de la empresa.
Por eso, una estrategia ambiental más completa comienza por conocer el impacto propio: medirlo, identificar dónde se concentra y trabajar para reducirlo. Después, o de manera paralela, una empresa puede contribuir más allá de sus propias operaciones apoyando proyectos que protejan ecosistemas, restauren la naturaleza o fortalezcan a comunidades frente a los efectos del cambio climático.
Es la diferencia entre hacer menos daño y hacer más bien. Necesitamos las dos cosas.
En Rayito de Luna creemos que las dos cosas pueden coexistir.
Para nosotros, contribuir al cuidado del planeta y de las comunidades no debería comenzar después de fabricar un producto. Debería comenzar mucho antes: en las decisiones que tomamos sobre los ingredientes, su origen, las personas con quienes trabajamos, los materiales que utilizamos y la manera en que diseñamos nuestros productos y procesos. Ese también es el motivo detrás de nuestra certificación como B Corp, porque todo es parte de someter nuestra propia operación (gobernanza, trabajadores, comunidad, medio ambiente y clientes) a una nueva evaluación externa que todavía estamos trabajando en mejorar cada ciclo.
Pero también creemos en la importancia de apoyar el trabajo de quienes actúan directamente para proteger y restaurar el medio ambiente. Por eso Rayito de Luna forma parte de 1% for the Planet, una red que certifica que sus empresas miembro destinen al menos el 1% de sus ventas anuales a organizaciones ambientales aprobadas. La iniciativa existe precisamente para impulsar una contribución ambiental verificable y prevenir el greenwashing.
Para nosotros, ambas dimensiones son complementarias. Una busca transformar nuestro propio impacto. La otra permite que una parte del valor que generamos llegue también a proyectos que trabajan por el planeta fuera de nuestra empresa. No creemos que una sustituya a la otra.
Y tampoco tenemos todo resuelto. Seguimos midiendo, seguimos ajustando procesos, seguimos aprendiendo dónde concentrar los esfuerzos. Compartimos esto no como una meta alcanzada, sino como parte de un ejercicio que, creemos, toda empresa debería estar dispuesta a hacer en público.
Porque cuidar la belleza del mundo implica tanto reducir nuestra huella como contribuir a que otros puedan proteger y restaurar aquello que compartimos.
La pregunta que deberíamos hacernos.
La próxima vez que una empresa anuncie una donación ambiental, quizá no tengamos que preguntarnos si esa donación es buena o mala. Podemos hacer una pregunta diferente:
Además de apoyar una solución, ¿qué está haciendo esta empresa para dejar de generar el problema?
Porque una empresa verdaderamente comprometida con el medio ambiente no debería tener que elegir entre transformar su manera de hacer las cosas y contribuir a causas ambientales. El reto está en hacer ambas. El planeta no necesita solamente que las empresas den más. También necesita que aprendan a generar menos impacto.
Fuentes y referencias
Corporate Value Chain (Scope 3) Standard | GHG Protocol
Beyond Value Chain Mitigation – Science Based Targets Initiative





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